LA EMIGRACIÓN:
UNA HUIDA EN BUSCA DE LAS NECESIDADES HUMANAS
A - PREÁMBULO HISTORICO-CIENTÍFICO
La emigración es un fenómeno mundial que ha persistido a través de la historia, fundamentalmente porque el ser humano, en esencia, tiende a buscar la satisfacción de sus necesidades físicas, de bienestar social y de libertad, con el fin de lograr la pretendida felicidad personal.
La riqueza es un desarrollo propio de la civilización humana, aunque a costa de evidenciar su propia contradicción: la pobreza. Esta antonimia riqueza-pobreza, propia de la existencia humana, está esencialmente relacionada con el deseo de libertad, inherente también a la condición humana. Una obra que a buen seguro nos ilustrará la relación existente entre la riqueza y la libertad, desde un pensamiento económico, es “Desarrollo y Libertad” del Premio Nobel de Economía en 1998, Amartya Sen. Este autor dedica su obra a los sectores más desposeídos del planeta. Sus investigaciones, de acuerdo con Kofi Annan, Secretario General de la ONU, han revolucionado la teoría y la práctica del desarrollo, al demostrar que la calidad de vida no puede medirse por la riqueza que se posea, sino por el grado de libertad que puede experimentarse. Interrogantes como, ¿cuál es la relación entre nuestra riqueza y la capacidad de vivir según nuestros deseos? o, ¿cómo es posible que en este mundo donde se ha alcanzado un nivel de prosperidad sin precedentes, se les nieguen las libertades más elementales a un gran número de seres humanos?, son respondidas en dicha obra.
La perspectiva de la libertad, en palabras de Sen, dice así: “el desarrollo exige la eliminación de las principales fuentes de privación de libertad: la pobreza y la tiranía, la escasez de oportunidades económicas y las privaciones sociales sistemáticas, el abandono en que pueden encontrarse los servicios públicos y la intolerancia o el exceso de intervención de los estados represivos”. En su explicación de la libertad, dado su papel constitutivo e instrumental del desarrollo, el autor nos dice también: “en las visiones más estrictas del desarrollo (que se basan en el crecimiento del PNB o en la industrialización), suele preguntarse si la libertad de participación y disensión políticas, contribuye o no al desarrollo. Una persona que no pueda expresarse libremente o participar en las decisiones y los debates públicos, aunque sea muy rica, carece de algo que tiene razones para valorar”. Con ello evidencia que los fines y los medios del desarrollo, expresados en términos de riqueza, tienen su propia realización en la libertad misma. Respecto a la pobreza, es concebida ésta como una privación de capacidades: “la pobreza debe concebirse como la privación de capacidades básicas y no meramente como la falta de ingresos”. En su obra, hace una consideración de las hambrunas y otras crisis humanas así como la cultura y los derechos humanos. La obra de Sen resuma sabiduría sobre las teorías económicas, y sobre cualquier otra de las disciplinas de las ciencias sociales. Con la lectura de esta obra, el binomio riqueza-libertad es ya indisociable, siendo ambos conceptos inherentes a la condición humana en el discurrir vitalista de los individuos, pueblos y sociedades.
La prosperidad humana ha proseguido por el camino de alcanzar cada vez más riquezas. Estas riquezas han evolucionado conceptualmente a través de la propia historia, conectando con el concepto de libertad, decididamente instaurado y sustentado por las democracias. La riqueza ya no es concebible sin las cuotas de libertad que fomenten el propio desarrollo económico.
A la vista de estos planteamientos, la esfera de la libertad, no es un concepto cerrado en sí mismo, sino una conquista a través de todas y cada una de las acciones de los humanos. En este sentido, en nombre de la libertad, se establece y se desarrollan libertades subsidiarias: la libertad política, libertades cívicas y derechos individuales incluidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En el sesenta aniversario de la citada Declaración de los Derechos Humanos, se celebra dicho aniversario en medio de una crisis económica mundial así como una hambruna creciente. Fue en París, en 1948 cuando se firmó una Declaración que establece que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y en derecho”, y en otros treinta artículos establece que los derechos humanos, civiles, sociales, económicos y culturales son “inalienables e indivisibles”. Sin embargo, la ONU resalta que, a este aniversario, se llega precisamente en medio de una emergencia alimenticia, con 963 millones de hambrientos según la FAO. Algunas organizaciones vinculadas a los derechos humanos, han aprovechado este aniversario para recordar los principales retos aún pendientes: además de la pobreza y la hambruna, se producen violaciones de mujeres en el este de Congo, matanzas civiles en Sudán, limpieza étnica en Etiopía, marginación en Somalia, conflictos en Colombia, Israel y Palestina, Sahara Occidental o la misma invasión de Irak. También señalan las zonas candentes de Afganistán, Pakistán e India. Los activistas de los derechos humanos también luchan por erradicar la pena de muerte en países como China, Irán, Arabia Saudí, Pakistán y EEUU. También denuncian la discriminación por motivo de raza, sexo y cultura. Además presentan a la crisis económica y ecológica como un verdadero reto vital.
Sin embargo, el concepto de libertad conecta con otro concepto subyacente en el psicologismo humano, a saber: la felicidad. El Premio Nobel de Economía en 1974, Friedrich Hayek, apuntó que la famosa “libertad” ha sido probablemente la palabra de la que más se ha abusado en la historia reciente. En el liberalismo libertario, la libertad se define en términos de interferencias, ya sea por un gobierno o personas, en la búsqueda de la felicidad. Hay una oposición a cualquier interferencia en los actos consentidos entre adultos. Por otra parte, movimientos de la izquierda política hacen más hincapié en la libertad como la capacidad del individuo de realizar su propio potencial en la búsqueda de felicidad mediante la liberación de la miseria, la pobreza, la privación, o la opresión. Lo que se evidencia con ello es que, la “libertad” en el individuo, busca satisfacer un principio ontológico: la “bondad”. A nivel ontológico se define el bien como algo que le conviene al ser y, esto, en la libertad del hombre, es necesario e indispensable que el ser, en cuanto ser, sea bueno. Este principio conecta también con otro principio ontológico: el de “finalidad”. El fin es un medio que mueve al ser hacia un deseo natural: su propio bien.
Hemos visto hasta la presente que el ser humano está abocado al intento de satisfacer sus necesidades naturales, un devenir azaroso de cada individuo en el contexto de la historia. Y ahora, hemos visto que, desde dicha libertad, el ser humano debe buscar, por principio ontológico, su propia felicidad. Riqueza, libertad y felicidad pueden definirse como un “devenir existencial” al que cada persona debe enfrentarse inevitablemente desde su nacimiento hasta la propia muerte. Este devenir existencial en tratar de alcanzar la felicidad, tiene su origen, primero, en la búsqueda de la riqueza y, en segundo lugar, su realización a través de la libertad.
B – RIQUEZA, LIBERTAD Y FELICIDAD EN EL PSICOLOGISMO HUMANO
La libertad más básica y primaria para cualquier ser humano es, por tanto, una condición de relación en libertad con el entorno físico, gracias a las libertades conquistadas a través de la propia historia de la humanidad, ahora reguladas por derechos con garantía para la propia libertad del individuo, pero dentro de los propios límites establecidos por la propia sociedad. Es lo que modernamente es conocido como “estado de derecho”, dentro del cual cada sujeto halla el propio sentido a su libertad física ajustándose a las normas y leyes establecidas socialmente. El sujeto cognoscente está inmerso en una sociedad capitalista donde, el dinero, es un valor que determina el grado de libertad física que puede disfrutar.
Cabe destacar que hay personas que no tienen acceso a este mínimo de libertad establecido en las modernas democracias, es decir, aquellas personas subsumidas en la pobreza sin acceso a la libertad, lo cual se identifica con el primer nivel de la “Pirámide de Maslow”: la satisfacción de las necesidades fisiológicas. En los términos defendidos por el Nobel Amartya Sen, vistos anteriormente, la libertad no es posible si no existe una “capacidad” como medida de obtención de la libertad para elegir entre distintos modos de vida. Es obvio que en las regiones más pobres del mundo, donde la pobreza provoca hambrunas y muertes por inanición o falta de cuidados sanitarios, la insatisfacción de las necesidades fisiológicas es esa carencia de las “capacidades” aludidas por Sen para poder optar a la pretendida libertad. Dicho de otro modo: dónde hay pobreza, no hay libertad.
Consecuentemente, como en la pobreza no existe libertad, estos millones de seres subsumidos en la más extrema miseria, no tienen la más mínima posibilidad de vislumbrar algo de libertad para sus vidas, en el moderno concepto que disfrutamos actualmente en occidente. Es por ello mismo que, en este mundo globalizado de las telecomunicaciones, el “pobre” tiene conciencia y visos de querer “ascender” por los caminos de la “Pirámide de Maslow”: es un deber vital para este sujeto cognoscente, intelectualmente en estado primitivo, desear de un modo ontológico su propia “bondad”. Es por ello mismo que se producen las emigraciones de muchas personas desesperadas, para salir de su pobreza y buscar la riqueza observada en occidente, a riesgo de perder la vida en el propio intento.
Los seres humanos subsumidos en la pobreza buscan satisfacer sus necesidades fisiológicas, exentos de toda libertad. Esto tiene su conceptuación científica a través de Maslow y de Sen respectivamente. Sen marca el límite de la libertad justamente allí dónde Maslow ubica la primera motivación natural: la satisfacción de las necesidades fisiológicas. Llegado hasta punto, es necesario conocer más en profundidad la teoría de la psicología humanista de Abraham Maslow.
Abraham Maslow fue uno de los primeros investigadores interesados en estudiar la psicología de los seres más “avanzados” que ha dado la historia de la humanidad. Lo que le interesaba era examinar a los seres psicológicamente más sanos, por supuesto, una rara minoría en la que incluyó a Cristo y los místicos de otras culturas. Lo que infirió, luego de estudiar exhaustivamente la vida de estos hombres “iluminados”, era que no tenían su identidad puesta y encerrada en su persona, en su ego, en su historia. Tenían un sentido de identidad más amplio, que iba más allá de su personalidad, una identidad “transpersonal”. Su identidad se ampliaba hacia una comunión con la totalidad de los fenómenos, con la totalidad de los seres. Maslow se interesó por el estudio de las que denominó “experiencia cumbre” sugiriendo que dichas experiencias pueden ser “supranormarles” en vez de subnormales. Tales experiencias de plenitud que muchas personas han experimentado aunque sea por unos instantes, pueden ser un indicio de un potencial humano. Uno de los desarrollos de Maslow que sentó precedentes en el impulso de la psicología transpersonal fue su teoría de las “necesidades”, conocidas como “La pirámide de Maslow”. Es pertinente hacer referencia a su trabajo titulado “Una teoría de la motivación humana” publicado en 1943, en el que expone la existencia de una jerarquía de necesidades. En el punto más básico de la jerarquía ubica a las necesidades fisiológicas que se traducen en la necesidad de alimento: las personas que tienen hambre se ven imposibilitadas de concebir ninguna otra necesidad. Satisfechas las necesidades del alimento, irrumpen las necesidades de seguridad, a las que vincula con el anhelo de contar con ciertos hábitos regulares que alejen la posibilidad del miedo y del dolor. A continuación aparecen las necesidades de amor y de pertenencia. Es decir, cuando una persona logra un lugar estable donde vivir y un ingreso de dinero regular, empieza a sentirse impulsada a lograr la satisfacción sexual, una pareja, amigos, hijos y la pertenencia a un grupo. Satisfechas las necesidades de amor, emergen las necesidades de estima, a las que describe como necesidades de “evaluación estable y elevada de sí mismo, de amor propio y de la estimación de los demás”. Por último, en la cima de la pirámide menciona a la “necesidad de auto-realización”, que atañe a la realización del propio potencial, llegar a ser todo lo que se pueda ser. Dentro de esas necesidades de realización, Maslow incluye la necesidad de conocimiento y de trascendencia. Estas necesidades “superiores” de conocimiento y trascendencia forman parte de la naturaleza psicológica del ser humano residiendo también en el inconsciente y, aunque en la mayoría de las personas no se despliegan, existen, cuando menos como potencialidad.
Ya sabemos que Maslow fue el iniciador de la psicología humanista, algo que fue más importante que su propia teoría de la “pirámide”. Su famosa jerarquía de las necesidades humanas está edificada sobre cinco grandes bloques:
1ª - LAS NECESIDADES FISIOLÓGICAS: Estas incluyen las necesidades que tenemos de oxígeno, agua, proteínas, sal, azúcar, calcio y otros minerales y vitaminas. También se incluye la necesidad de mantener el equilibrio del PH y de la temperatura. Otras necesidades incluidas son aquellas dirigidas a mantenernos activos, a dormir, a descansar, a eliminar desperdicios, a evitar el dolor y a tener sexo. Menudo repertorio de necesidades fisiológicas. Bajo este prisma, ¿no es la pobreza extrema existente en buena parte del mundo, una necesidad que está por satisfacer? Millones de personas se están muriendo en muchos países pobres, por no poder cubrir las necesidades antes apuntadas por Maslow. En tal situación existencial no hay libertad para acceder hacia niveles superiores de realización humana: es una lucha diaria por la supervivencia física. En la pobreza extrema no hay capacidades básicas para satisfacer las necesidades biológicas y, consecuentemente, no hay opciones de libertad hacia el desarrollo de la propia personalidad del individuo. Para muchos que viven en la miseria, el éxodo en pateras hacia los países ricos, a riesgo de jugarse la vida, es la única opción para intentar lograr dicha libertad.
En occidente, como ya ha quedado demostrado, disfrutamos de libertades que permiten el crecimiento de la personalidad del individuo. Como ya he argumentado anteriormente, donde hay pobreza no hay libertad. Por tanto en este apartado no hay un posibilismo de conceptualizar la libertad, debido a la ausencia de la misma. Pero sí que existen estudios estadísticos y científicos acerca del concepto de pobreza: El Coeficiente de Gini es una medida de la desigualdad ideada por el estadístico italiano Corrado Gini, para medir la desigualdad en los ingresos así como la distribución desigual. El coeficiente de Gini es un valor numérico entre 0 y 1, donde 0 corresponde con la perfecta igualdad (todos tienen los mismos ingresos) y 1 corresponde con la perfecta desigualdad (una persona tiene todos los ingresos y los demás ninguno). El índice de Gini es el coeficiente de Gini expresado en porcentaje, y es igual al coeficiente de Gini multiplicado por 100. Aunque el coeficiente de Gini se utiliza para medir la desigualdad de los ingresos, también puede utilizarse para medir la desigualdad en la riqueza. Este uso requiere que nadie disponga de una riqueza neta negativa. El coeficiente de Gini se calcula mediante una correspondiente fórmula que, por su complejidad conceptual matemática, obviaremos aquí. Sin embargo, sí podemos detallar el índice de Gini en varios países. Algunos valores del informe de 2007 eran los siguientes:
1 – Namibia: 70,7 (peor distribución) 17 – Zambia: 52, 6
2 – Lesotho: 63,2 18 – El Salvador: 52,5
3 – Botswana: 63,0 19 – Hong Kong: 52,3
4 – Sierra Leona: 62,9 20 – Guatemala: 50,0
5 – C.African Repub.: 61,3 21 – Perú: 49,8
6 – Bolivia: 60,6 22 - Argentina: 48,3
7 – South Africa: 59,3 23 – Costa Rica: 46,5
8 –Paraguay: 56,8 24 – Uruguay: 45,2
9 – Zimbabwe: 56,8 25 – Estados Unidos: 45,0
10 – Brasil: 56,7 26 – Venezuela: 42,0
11 – Panamá 56,4 27 – Portugal: 38,5
12 – Nicaragua: 55,1 28 – Italia: 36,0
13 - Honduras: 55,0 29 – España: 32,5
14 – México: 54,6 30 – Suecia: 25,0
15 – Colombia: 53,8 31 – Dinamarca: 23,2
16 – Chile: 53,8 (Mejor distribución)
Sobre un total de 122 países, el promedio ponderado es de 40,5.
A través de este estudio científico se puede concluir que hay una evidente desigualdad de la riqueza entre los diferentes países pero que, correlativamente, está directamente relacionada con la libertad. Los países más ricos tiene las cuotas más altas de libertad para sus ciudadanos, ocurriendo lo contrario en los países con extrema pobreza: la inexistencia de libertad como “capacidades” que hemos descubierto anteriormente a través del premio Nobel Amatya Sen.
2ª - LAS NECESIDADES DE SEGURIDAD Y REASEGURAMIENTO: Una vez compensadas las necesidades fisiológicas, al individuo le comienza a preocupar las cuestiones de seguridad, protección y estabilidad.
3ª - LAS NECESIDADES DE AMOR Y DE PERTENENCIA: Cuando las necesidades fisiológicas y de seguridad se completan, entra en escena las terceras necesidades: la amistad, la pareja, tener niños y relaciones afectivas en general, incluyendo la sensación general de comunidad.
4º - LAS NECESIDADES DE ESTIMA: Según Maslow, ahora nos preocupamos por la autoestima. Distinguió entre dos necesidades de autoestima: una, alta y otra, baja. La baja es la del respeto de los demás, la necesidad de estatus, fama gloria, reconocimiento, atención, reputación, apreciación, dignidad e incluso dominio. La autoestima alta comprende las necesidades de respeto por uno mismo, incluyendo sentimientos tales como confianza, competencia, logros, maestría, independencia y libertad. En los países modernos, la mayoría de nosotros tenemos lo que necesitamos en virtud de nuestras necesidades fisiológicas y de seguridad. Por fortuna, casi siempre tenemos un poco de amor y pertenencia, pero es tan difícil de conseguir en realidad.
5º - LA AUTO-REALIZACIÓN: Maslow utilizó una gran variedad de términos para referirse al mismo, tales como “motivación de crecimiento, necesidades de ser y auto-actualización. Se trata del continuo deseo de llenar potenciales, a “ser todo lo que pueda ser”. Pero para llegar a esta auto-realización, hay que tener satisfechas las necesidades primarias, por lo menos hasta cierto punto. Desde luego, esto tiene un cierto sentido: si estás hambriento, intentarás conseguir comida; si estás inseguro, hay que estar continuamente en guardia; si estás aislado y desamparado, se necesita llenar esa falta; si hay un sentimiento de baja autoestima, hay que defenderse de ese estado o compensarlo. Según Maslow, cuando las necesidades básicas no están satisfechas, no puedes dedicarte a llenar tus potenciales. Según Maslow, entonces, solo existe un puñado de personas que sean verdadera y predominantemente auto-actualizadas. Incluso aventuró que tan solo era un 2%. Para saber exactamente lo que quiso decir con auto-actualización, era pertinente analizar a aquellas personas que consideró auto-actualizadas. Así, para él, eran personas centradas en la realidad, capaces de diferenciar lo que es falso o ficticio de lo que es real y genuino. También eran personas centradas en el problema, es decir, que enfrentan los problemas de la realidad en virtud de sus soluciones. Los auto-actualizados poseían también una manera peculiar de relacionarse con los demás. En primer lugar tenían una necesidad de privacidad, y se sentían cómodos estando solos. Así mismo, eran resistentes a la enculturación, esto es, que no eran susceptibles a la presión social. De hecho eran inconformistas en el mejor sentido. Poseían también lo que Maslow llamaba “valores democráticos”, o sea, que eran abiertos a la variedad étnica e individual, incluso defendiéndola. Tenían la cualidad del interés social, la compasión y la humanidad. Disfrutaban de las relaciones personales íntimas con pocos amigos cercanos y miembros familiares, más que un montón de relaciones superficiales con mucha gente. Eran personas creativas, inventivas y originales, con una tendencia a vivir con mayor intensidad las experiencias que las demás personas. “Una experiencia pico” como lo denomina Maslow es aquella que te hace sentir como fuera de ti; como perteneciente a un Universo; como pequeño o grande en virtud de tu pertenencia a la naturaleza. Estas experiencias tienden a dejar huella sobre las personas que las viven, cambiándoles a mejor; muchas personas buscan estas experiencias de forma activa. También son llamadas experiencias místicas y constituyen parte importante de muchas religiones y tradiciones filosóficas. En definitiva, Maslow acaba resaltando la espiritualidad presente en toda conciencia, la cual va evolucionando desde lo “personal” a lo “transpersonal”. Es una libertad espiritual que está presente en toda conciencia humana pero requiere una auto-actualización que pasa por agregar al “yo” el concepto del “otro”, es decir una evolución de la conciencia tendente a buscar la felicidad , no solamente la de uno mismo, sino también del resto de la humanidad, porque también Maslow abordó el tema de la felicidad. Según él las personas auto-realizadas, para ser felices, necesitaban: verdad, bondad, belleza, integridad y trascendencia de los opuestos, vitalidad, singularidad, perfección y necesidad, realización, justicia y orden, simplicidad, riqueza, fortaleza, sentido del humor, búsqueda de lo significativo y autosuficiencia, es decir, no dependencia. Esto último equivale a decir que, en el ser humano, la libertad, es un bien deseado.
Concluyendo, la conciencia de toda personalidad no solamente está impulsada por la jerarquía de necesidades que estableció Maslow, sino que dichas necesidades van evolucionando en la conciencia de toda persona en función directa a la libertad presente en todo ser cognoscente. Por tanto, la felicidad es un componente muy importante cuando está interrelacionada con las propias libertades del individuo.
C – LA EMIGRACIÓN: UN PROBLEMA DE LA CONCIENCIA HUMANA
Hay pocas críticas que se le pueda hacer a la teoría misma de Maslow. La crítica más común concierne a su metodología, es decir, haber escogido a un número reducido de personas que él mismo consideraba auto-actualizadas. En su defensa se puede decir que él entendía esto y consideraba su trabajo simplemente como un punto de partida. Esperaba que otros partieran y siguiesen desarrollando la idea de una manera más rigurosa. Retomando nuestra tesis inicial: riqueza, libertad y felicidad son tres conceptos que van unidos de la mano. Son categorías ontológicas presentes en todo ser consciente, como se ha visto anteriormente. Nuestra conciencia evoluciona al conocer nuestras riquezas interiores, a saber, el conocimiento y el amor. Pero acto seguido estas riquezas están interrelacionadas con nuestra existencia mediante la facultad de la libertad. La cima de la conciencia tiene su máxima expresión cuando volcamos toda nuestra experiencia, nuestro saber y nuestros medios en reducir la antinomia riqueza-pobreza, es decir, una redistribución de la propia riqueza hacia los más desfavorecidos. Dicho de otro modo, nuestro lado más espiritual sale a flote para dedicarnos en pensamiento y en acción hacia la humanidad. Es la máxima expresión de felicidad que, personalizando en algunos ejemplos, podemos citar a la Madre Teresa de Calcuta o el recién fallecido Vicente Ferrer. ¿Hay algún acto más amoroso que dedicar toda una vida a los más desamparados y desprotegidos?
Las conciencias individuales deben seguir evolucionando hacia una sinergia espiritual de la humanidad. El debate del cambio de conciencia ya está actualmente servido: el materialismo puro como ideal de felicidad ha muerto. La filosofía tradicional, que ha desembocado en el actual neoliberalismo, está moribunda, víctima de sí misma. El hombre libre del primer Renacimiento humanístico corresponde al amplio movimiento de revitalización cultural que se produjo en Europa Occidental en los siglos XV y XVI. Sus principales exponentes se hallan en el campo de las artes aunque también se produjo la renovación en la literatura y las ciencias, tanto naturales como humanas. El Renacimiento es fruto de la difusión de las ideas del humanismo, que determinaron una nueva concepción del hombre y del mundo. Pero este discurrir humanista ha llevado dicha libertad hasta los límites que conocemos en el actual siglo XXI: poder armamentístico, declive ecológico, terrorismos radicales de cualquier signo y decadencia de las religiones como referentes morales. Las conciencias individuales tienen que evolucionar para converger en una nueva conciencia colectiva, sustentada en un racionalismo espiritual. Pero ello solamente será posible si, desde los diferentes ámbitos de la sociedad (político, educativo, organizaciones no gubernamentales, estamentos de derechos humanos, etc.), se aúnan esfuerzos para reducir las abismales diferencias que hay entre ricos y pobres. La riqueza y la libertad son dos conceptos que están colisionando como dos trenes frontalmente: no hay suficiente riqueza en el mundo para satisfacer a las libertades emergentes en formas de creciente derechos humanos tendentes al igualitarismo. Si no se produce un trasvase de la riqueza hacia los más pobres, el conflicto mundial está servido. De hecho, la crisis actual financiera globalizada no es más que la consecuencia de la avaricia de unos pocos en acumular riquezas, a costa del resto de la inmensa población.
Concluyendo, la libertad debe poder ser conquistada, luego racionalizada y, finalmente, educada. Una mayor conciencia de la libertad conlleva un mejor conocimiento de la felicidad por lograr. De momento ya hemos establecido las necesarias premisas acerca de la riqueza, la libertad y la felicidad, a partir de las cuales toda persona busca la imperiosa necesidad de satisfacer sus necesidades vitales. Llevar estas premisas a la práctica educativa y transmisión generacional, llevará seguramente décadas. No obstante es un imperativo seguir buscando comprender las profundidades del ser humano. Tal es el devenir de la humanidad: intentar que toda conciencia personal converja hacia una conciencia colectiva todavía por realizarse en el plano humanístico y espiritual, superando así a la actual civilización sustentada en un materialismo con desenfreno consumista, lo cual nos hace perder el verdadero sentido de la realidad. La conciencia ha evolucionado y ha sido descubierta a través de la “psicología evolutiva” de Piaget: psicólogo experimental, filósofo, biólogo suizo creador de la epistemología genética y famoso por sus aportes en el campo de la psicología evolutiva, sus estudios sobre la infancia y su teoría del desarrollo cognitivo. Ahora toca enlazar dicha evolución de la conciencia con los conceptos de riqueza y libertad fundamentados en este trabajo monográfico. Solamente así se podrá establecer el fundamento último buscado por todo ser humano: la felicidad, no solamente como felicidad personal, sino eminentemente cómo la búsqueda de libertad y felicidad para toda la humanidad.
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